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Crear productos que la gente usa de verdad

· 2 min de lectura

La mayoría de los productos no fracasan por mal código. Fracasan porque resuelven un problema que a nadie le duele lo suficiente. La buena ingeniería no puede rescatar un producto equivocado, así que el trabajo más útil suele ocurrir antes de que nadie abra un editor.

Empieza por una persona y un momento

Un objetivo vago como "ayudar a los equipos a colaborar" no te da nada que probar. "Quien lidera el equipo quiere saber qué está atascado antes de la reunión del lunes" te da un usuario, un momento y una forma de saber si ayudaste. Escribe esa frase. Si no puedes, aún es pronto para diseñar pantallas.

Haz una primera versión incómodamente pequeña

Cada función que añades a la primera versión es una apuesta, y cada apuesta retrasa el momento de saber si acertaste. Una buena prueba para cada punto de la lista es preguntarte qué se rompería si lo quitaras. Si la respuesta es "nada, pero parecería sin terminar", puede esperar.

Fíjate en lo que hace la gente, no en lo que dice

La gente es generosa en las entrevistas y honesta en el uso. Diez minutos viendo a alguien probar tu producto te enseñarán más que una larga lista de funciones solicitadas. Busca dónde duda, qué ignora y qué intenta hacer sin que tú lo hubieras previsto.

Una lista breve antes de construir

  • ¿Puedes nombrar a la persona y el momento en que la ayudas?
  • ¿Qué hace hoy en su lugar y por qué no es suficiente?
  • ¿Cuál es la versión más pequeña que aún le serviría?
  • ¿Cómo sabrás, en cuestión de semanas, si funcionó?

Nada de esto es glamuroso, pero es lo que separa un producto que la gente sigue abriendo de uno que prueba una sola vez. El código sigue importando mucho. Solo que importa más cuando apunta al problema correcto.

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