Hábitos de código limpio que escalan

El código limpio no va de abstracciones ingeniosas ni de un estilo perfecto. Va de lo caro que será el próximo cambio. Un código que el año pasado era fácil de cambiar y hoy es un suplicio no llegó ahí por una mala decisión. Llegó por muchos pequeños atajos.
Pon nombres pensando en quien lee
Una línea se escribe una vez y se lee muchas. Un nombre más largo y específico cuesta unas pocas pulsaciones y le ahorra a alguien unos minutos, una y otra vez. Si una función necesita un comentario para explicar lo que hace, prueba primero con un nombre mejor.
Espera a la tercera copia
La duplicación sale más barata que la abstracción equivocada. Dos bloques de código parecidos pueden resultar ser cosas distintas que hoy solo se parecen. Para la tercera copia, normalmente ya entiendes el patrón real lo bastante bien como para extraerlo con seguridad.
Mantén honesto el modelo de datos
Las pantallas son fáciles de cambiar. Los datos, no. El tiempo invertido en acertar con la estructura de la base de datos se recupera durante años, y la mayor parte del código raro de un proyecto antiguo existe para sortear una tabla que ya no refleja la realidad.
Hábitos que vale la pena conservar
- Pull requests pequeñas que hacen una sola cosa
- Tests para el comportamiento que más dolería si se rompiera
- Borrar el código muerto en lugar de comentarlo
- Anotar por qué se tomó una decisión, no solo cuál fue
- Dejar cada archivo un poco mejor de como lo encontraste
Ninguno de estos hábitos impresionará a nadie en una revisión de código. Juntos, son lo que permite a un equipo seguir avanzando rápido después del primer año, cuando la mayoría de los proyectos empiezan a frenarse.


